Esta revista pretende abrir un espacio donde publicar los interrogantes que surgen en la praxis del psicoanalista. La experiencia de un psicoanálisis concierne a la relación del sujeto con un deseo inconsciente, su práctica es discursiva y consiste en el tratamiento de su materialidad literal. La cura analítica se efectúa bajo transferencia, la cual a su vez depende del analista. El compromiso respecto a la verdad concierne tanto al analista como al analizante. Del lado del analista, se trata de sostener una clínica que apunte a lo real del síntoma, es decir al goce implicado en el mismo; del lado del analizante, de hacerse responsable de su acto. Los resultados de esta experiencia han ido forjando diversas articulaciones teóricas, que la clínica permite interrogar de manera constante. Esa es la vocación de esta nueva publicación, que también pretende ser un lugar articulador entre la singularidad y las posiciones discursivas del sujeto en el lazo social, haciendo especial hincapié en los efectos del discurso capitalista y de la ideología cientifista en la subjetividad contemporánea.
Presentación del número 10: ¿Por qué la angustia?
En este nuevo número de Trauma nos proponemos adentrarnos en la cuestión de la angustia, a través de una pregunta en apariencia sencilla, ¿por qué? Este tema conecta directamente con una de las pretensiones fundantes de nuestra revista, hacer lugar a los interrogantes que surgen de la praxis analítica.
Así pues, tomaremos como eje este afecto que, siendo tan corriente, no resulta por ello menos enigmático. Su forma de irrupción, fugaz y episódica, puede hacernos pensar que su naturaleza es contingente, pero la angustia es un fenómeno necesario para la constitución subjetiva. Para el psicoanálisis no es un afecto cualquiera, sino el que más le interesa.
Vale la pena partir de la etimología para sentar las bases de nuestro recorrido, y señalar que la palabra angustia proviene del latín y significa angostura, estrechamiento. Justamente, un estrechamiento semejante reconocemos en el nudo en la garganta o en la presión en el pecho, dos de sus manifestaciones fenomenológicas habituales, como si la etimología fuera tomada a la letra por el cuerpo 1. Ciertamente, la angustia atañe al cuerpo, y a la vez aquel que está angustiado a menudo no encuentra los medios para decir el porqué de lo que le sucede. De manera que la irrupción de este afecto operaría cierta suspensión de la función de la palabra. No se trata de que la angustia sea sin porqué –aludiendo al verso de Angelus Silesius 2-, ni que aparezca porque aparece, sino más bien que ante su aparición algo en la palabra se detiene.
La búsqueda del porqué de la angustia orientó la investigación de Freud desde sus inicios. En el Manuscrito E ¿Cómo se genera la angustia? se dedica a describir detalladamente la neurosis de angustia, y ya entonces señala que se siente en el cuerpo. A lo largo de su obra sostuvo la pesquisa sobre su génesis, estatuto y modos de aparición, y en ese recorrido algunas de sus concepciones sufrieron grandes modificaciones.
Podemos situar tres momentos. En un inicio, Freud consideró a la angustia el efecto de la mudanza de una tensión sexual acumulada, como resultado de una privación pulsional. En las neurosis de angustia, una tensión no procesada por lo psíquico se descargaría, de manera directa, como angustia. Más tarde, en los textos de la Metapsicología, plantea que este afecto es consecuencia e índice de la represión. Es la represión de la representación pulsional la causa de la angustia, que aparece como la moneda de cambio entre los afectos. En ese momento la angustia también resulta de una privación pulsional, pero la descarga no es directa, interviene un mecanismo psíquico: la represión. Por último, dentro del cambio conceptual de la década del 20, Freud realiza una inversión en relación a la angustia, que aparecerá como primera, ya no como efecto, sino como causa, motor de la represión. En la Addenda de Inhibición, síntoma y angustia, dirá, “La angustia es la reacción originaria frente al desvalimiento (Hilflosigkeit) en el trauma, que más tarde es reproducida como señal de socorro en la situación de peligro”.
Si la angustia es la causa de la represión, el síntoma neurótico, en especial el fóbico, aparecerá construido como una respuesta, a lo que Freud precisará como angustia de castración.
Lacan, por su parte, toma el testigo de la apuesta freudiana en una época en que la angustia corría el riesgo de diluirse en un catálogo de sentimientos, y la ubica como afecto central, alrededor del cual todo se ordena. En el seminario que le dedica, de entrada, ubica su estructura como análoga a la estructura del fantasma. La angustia es el afecto ante el cual el sujeto vacila en su encuentro con el deseo del Otro, al no saber qué objeto es para ese deseo.
Como Freud, considera a la angustia en su función de señal, pero, afinando aún los términos, señala que opera para el sujeto como señal de lo real, en tanto que opuesto al significante. Sigue las huellas del maestro, leyendo en lo Unheimlich “el eslabón indispensable” para abordar la cuestión de la angustia: ésta surge en la casa del sujeto, allí donde algo habría de faltar. Pero avanza en el desarrollo de su invento: el objeto a. Dirá que “el correlato de la angustia no es el significante siempre engañoso, y hábil para los desplazamientos y las sustituciones, sino el objeto al que la angustia permanece anclada”. Es decir, no buscará el porqué de la angustia por el lado el significante sino del objeto.
El engranaje de la angustia continuará ocupando a Lacan en los años posteriores, en los que retomará lo planteado en este seminario -bisagra en su enseñanza-, a la vez que añadirá otras vueltas al tema. En La tercera, por ejemplo, hablando sobre los goces, dará una indicación precisa sobre la angustia y el cuerpo: “la angustia es justamente algo que se sitúa en otra parte en nuestro cuerpo (que el miedo), es el sentimiento que surge de esa sospecha que nos asalta por reducirnos a nuestro cuerpo”.
En la clínica psicoanalítica, la angustia resulta nuclear, en tanto llave del deseo, a menudo encubierto tras el síntoma. A lo largo de una cura, tanto a la entrada, en que toda demanda llega más o menos coloreada de angustia, como a la salida de un análisis y en momentos claves, la angustia es una guía para las intervenciones del analista y una brújula en la dirección de la cura.
El discurso médico, siempre más preocupado por la llamada “depresión”, que aparta a quienes así han sido diagnosticados de la productividad 3, deja de lado a la angustia, y cuando la considera, lo hace desde su vertiente negativa e inhabilitante, rebautizándola como pánico, ansiedad o stress, y ofreciéndole un tratamiento farmacológico que la acalle. El discurso psicoanalítico, a contrapelo de las inercias contemporáneas, se interesa, en cambio, por las potencialidades de la angustia, en tanto conecta con lo más propio de un sujeto, y se ocupa de hacerle un lugar en la cura. Además, el psicoanálisis permanece, en general, alejado de la farmacología, puesto que considera que, si hay un remedio para la angustia, este no es otro que atravesarla.
En este número de Trauma ¿Por qué la angustia? es, entonces, una invitación a distintos decires sobre este “estado afectivo”. No se tratará tanto de hacer un elogio a la angustia como de intentar dar cuenta de algunas de sus formas de irrupción en la clínica actual y tal vez abrir a otras preguntas: ¿cómo pensar la angustia al final de un análisis?, ¿cómo se declina la angustia en las distintas estructuras clínicas?, ¿y según la diferencia de los sexos?, ¿cómo pensar la angustia en la psicosis?…
Por último, en nuestro título resuena el del texto freudiano, ¿Por qué la guerra?, en el que Freud responde a Einstein, ambos sublevados por los horrores de la Guerra Mundial. Este texto no cesa de revelarse actual, dado el espanto y la atrocidad de las guerras del presente, que desvelan cruelmente el desamparo radical, y la ausencia de recursos simbólicos en el proceso de “proletarización” generalizada, tal como lo plantea Lacan. En aquel texto Freud mencionaba la esperanza, que resultó utópica, de que la actitud cultural y la justificada angustia por las consecuencias de la guerra futura, fueran a poner fin a las guerras en un tiempo no muy lejano. Aun así, suscribimos fuertemente las palabras con que concluye “todo lo que promueva el desarrollo de la cultura trabaja también contra la guerra”.
1Assoun, Paul-Laurent, Leçons psychanalytiques sur l’Angoisse, Economica, Paris, 2014
2Angelus Silesius, referencia al verso “La rosa es sin porqué/ florece porque florece, / no tiene preocupación por sí misma, / no desea ser vista”. En El peregrino querubínico, Ediciones Siruela. Barcelona, 2005
3Soler, Colette, Entrevista “El malestar sexual a cielo abierto” en https://forofarp.org/
Verónica Bogao
Psicoanalísta
Contenido Trauma Nro. 10
Presentación, Verónica Boago
¿Por qué la angustia?
Transmisión y duelo del analista: antinecrología de Gérad Pommier (1941-2023), Silvia Lippi
Presentación, Verónica Bogao
Angustia e intervenciones del analista en las entrevistas preliminares, Graziella Baravalle
Del sentimiento oceánico a la angustiade extinción, Regina Bayo-Borràs
La angustia, entre luces y sombras, Verónica Bogao
Miradas que degradan, Natatxa Carreras
¿Por qué la angustia? Marcelo Edwards
Angustia y melancolía, Héctor Escobar
En los límites de la angustia: derrumbamiento y acondicionamientos perversos, Alfonso Gómez Prieto
La noble señal de la angustia, Luz HIiram Laguna
Cine y angustia, Laura Kait
El objeto de la angustia, Guy Le Gaufey
La angustia: una pregunta que insiste, Horacio Manfredi
Angustia, sujeto y acto, Rosa Navarro
¿Por qué la angustia? o ¿Para qué la angustia? Alejandro Pignato
Marguerite Duras:angustia circular de Donnadieu a Duras, Belén Rico García
Un panorama general sobre la angustia. Freud, Lacan, Soler, José Eduardo Tappan
Cuestiones cruciales
El caso Ferenczi… Acheronta Movebo, Graziella Baravalle
Intervención del psicoanálisis en la escuela, Alejandra Quintas
La esperanza femenina, Ernesto Vetere
Rincón de Lectura
Caroline Eliacheff, «La fábrica de los niños transgénero», reseña Graziella Baravalle
J.M. Álvarez (Dir.) , Vocabulario de Psicopatología, reseña Carlos Rey
Guillaume Nemer, Hölderlin, le saintom – Eksodos 3, reseña Marie-Jean Sauret
Presentación del número 9 en Madrid, el 3 de marzo a las 19:30, en el Ateneo de Madrid